Cuando las expectativas se encuentran con los niños: entre la fantasía parental y la realidad emocional
- Dana Judkevitch
- 11 mar
- 4 Min. de lectura
Una de las frases favoritas de mis maestras en la escuela primaria era “no te hagas ilusiones”.
Solía venir acompañada de otras respuestas bien intencionadas pero invalidantes, como “no es para tanto” o “ya se te va a pasar”. Frases pensadas para cerrar un conflicto rápido, muchas veces desestimando experiencias emocionales que para los niños son muy reales.
Esta vez quiero detenerme en una de esas ideas. Las expectativas. Y, en particular, las expectativas que los adultos tienen sobre los niños.

Incluso antes de tener un bebé en brazos, mientras todavía se está desarrollando en un cuerpo gestante, los padres ya cargan expectativas, sueños y esperanzas sobre quién será ese niño o esa niña cuando llegue al mundo. En el lenguaje profesional, a este sueño se lo llama reverie, y es una parte natural e inseparable de la experiencia parental. Ya en esta etapa empieza a construirse una imagen y cierto estándar sobre alguien que aún no nació.
Estas fantasías pueden ser flexibles. Pueden modificarse y adaptarse al niño que crece y se convierte en una persona separada, con deseos, aspiraciones y sueños propios. Pero también pueden ser rígidas, acompañadas de decepción frente al niño que llegó y resultó tan distinto de lo que se había imaginado.
Cuando la fantasía no se encuentra con la realidad, ¿cómo impacta en el niño?
Un niño que se siente rechazado por sus padres puede desarrollar conductas complacientes y compensatorias. Es un niño con una fuerte necesidad de amor y aprobación, a veces hasta el punto de dejarse de lado a sí mismo.
Here it's important for me to add a note:
A child diagnosed with ODD or any other behavioral disorder does not necessarily arrive there due to an experience of rejection. The same applies to children who overly appease others. I am describing possible responses to the experience of a gap between expectations and reality, not fixed or definitive pathways. Children respond in many different ways, and there is no single truth carved in stone.
Esto puede expresarse en decisiones que no lo hacen feliz, tomadas solo para satisfacer a sus padres, o en convertirse en el payaso del curso para obtener aprobación social, a veces a costa del rendimiento escolar o del valor personal interno. Estos niños suelen tener dificultades para reconocer sus propias necesidades, porque en su percepción las necesidades de los demás son más importantes que las propias.
Por otro lado, un niño que se siente rechazado puede desarrollar conductas antagonistas y oposicionistas. Hay aquí un componente de derrota, un reconocimiento doloroso de que haga lo que haga, siempre va a decepcionar. Y si ese es el caso, para qué esforzarse.
La lógica infantil es simple. Si los rechazo primero, no pueden rechazarme. Es una lógica ingenua que no contempla las consecuencias, porque desde la perspectiva del niño las consecuencias siempre son las mismas. Decepción, enojo y, a veces, incluso odio.
¿Para qué esforzarse en la escuela si la nota nunca va a ser suficiente?
¿Para qué intentar vincularse si total nadie me quiere?
¿Para qué escuchar a los adultos si no me conocen ni me entienden?
La conducta antagonista también puede desarrollarse a costa de necesidades y aspiraciones personales, porque si algo coincide con lo que el entorno espera, entonces debe ser rechazado.
Aquí es importante agregar una aclaración:
Un niño diagnosticado con ODD u otro trastorno de conducta no llega necesariamente a ese diagnóstico por una experiencia de rechazo. Lo mismo ocurre con los niños excesivamente complacientes. Aquí describo respuestas posibles a la vivencia de una brecha entre expectativas y realidad, no caminos fijos ni determinantes. Los niños responden de maneras diversas y no existe una única verdad absoluta.
¿Cómo podemos ayudar a los niños?
En primer lugar, aflojando las expectativas. Es fácil decirlo y muy difícil llevarlo a la práctica.
Así como esperamos que el mundo funcione según leyes físicas, el agua moja, el fuego quema, también tenemos expectativas sobre los niños. Y eso está bien. Está permitido soñar, esperar y desear un futuro bueno y pleno para ellos.
Pero es importante recordar que estamos hablando de una persona pequeña y joven, que todavía está aprendiendo sobre el mundo y sobre sí misma.
Cuando un niño siente que no decepciona a sus padres incluso teniendo intereses distintos, puede florecer. Tal vez no en la dirección que imaginaron, pero el mundo es amplio y está lleno de posibilidades.
Tal vez el niño que soñaban futbolista descubra una inclinación natural hacia la creación y decida ser artista.
Tal vez la niña que imaginaban médica quiera competir en los Juegos Olímpicos.
Como padres, está permitido desear lo mejor para los hijos, y también es permitido, e importante, reconocer la definición que ellos tienen de lo que significa “lo mejor”.
¿Y si el niño ya se siente rechazado?
A veces, incluso con buenas intenciones y esfuerzos sinceros, los niños perciben que no cumplen con las expectativas de su entorno. En esos casos, una comunicación abierta y segura es clave.
Un niño que sabe identificar emociones podrá comprender mejor por qué aparecen, ponerles palabras y comunicarlas. Esto también requiere trabajar el vocabulario emocional, por ejemplo con un diccionario de emociones.
Un niño que puede decir “estoy triste porque” y compartir lo que siente puede apoyarse en ustedes.
Y aunque el niño todavía no sepa hablar de emociones, podemos simplemente escuchar.
Un niño que refunfuña igualmente puede responder a la pregunta “por qué”, y hasta la respuesta “no sé” es una respuesta. A veces “no sé” significa “no entiendo”, y juntos se puede explorar.
Si el “por qué” resulta demasiado grande, podemos desarmarlo:
¿Qué pasó?
¿Qué pasó antes?
¿Qué pasó después?
Y a partir de ahí, cómo te sentís ahora. Una pregunta que ya permite mayor foco y abre el diálogo emocional.
Ojalá fuera posible escribir un manual claro para conversar emocionalmente con los niños. Pero la realidad es más compleja. Cada niño es un mundo. Podemos aprender, comprender y apoyarnos en recomendaciones, pero no existe una respuesta única que funcione para todos. Por eso, como siempre, lo que se comparte aquí es una invitación a pensar, no una solución mágica.
Si tenés una situación personal que quieras consultar, podés escribirme a través de la sección de contacto y voy a hacer todo lo posible por ayudarte.
¿Tenés algo para sumar? ¿Una experiencia, un aprendizaje o un consejo para madres y padres recientes? Compartilo en los comentarios, ¡podemos aprender juntos! 🌱
Y saludos desde Georgia 😉




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