El primer paso – el más aterrador, pero también el más importante
- Dana Judkevitch
- 12 nov 2025
- 2 Min. de lectura
El primer paso siempre es el más aterrador. También es el más difícil: aquel que naturalmente tendemos a evitar.
Es el paso que cambia el statu quo que ya conocemos. Incluso si la situación actual no es ideal, hay algo reconfortante en lo familiar. Es difícil predecir cómo afectará el cambio al futuro, y por eso muchas veces nos quedamos en lo conocido, aunque esté lejos de ser perfecto.

Para mí, el primer paso hacia el cambio fue simple: reconocer que necesitaba un cambio. Porque antes de poder resolver un problema, primero hay que reconocer que existe. Suena sencillo, pero hay algunas cosas que vale la pena entender en el camino:
Nuestro cerebro es inteligente – a veces demasiado
Nuestro cerebro está diseñado para ayudarnos a sobrevivir. A veces eso significa ignorar cosas que nos generan ansiedad, para poder seguir funcionando día a día. Algunos temas tienden a caer en un “rincón oscuro”… por suerte, tenemos una linterna para iluminarlos.
Nuestra mente también juega sus trucos. Cuando algo parece demasiado grande o aterrador, activa mecanismos de defensa como la represión o la negación. A veces estos mecanismos nos ayudan a seguir adelante; otras veces, son justamente lo que nos impide resolver problemas y cuidarnos a nosotros mismos.
Nuestro entorno importa – para bien o para mal
Un entorno comprensivo y contenedor puede facilitar este proceso, pero no todos tenemos ese privilegio. A veces, las personas que nos rodean prefieren mantener el statu quo. El cambio puede parecerles amenazante, incómodo o simplemente desconocido. Pueden, sin darse cuenta, frenarlo diciendo “todo está bien” y dejando las cosas como están.
¿Y entonces, qué se hace?
Primero que nada: el hecho de que estés acá ya dice algo importante: sentís que hay algo que atender. Aunque no sea claro o definido, reconocés que algo dentro tuyo necesita atención.
A veces aparece en forma de preguntas:
¿Por qué fui a un lugar que no disfruté?
¿Por qué comí si no tenía hambre?
¿Por qué estoy en una relación con alguien con quien no conecto?
¿Por qué esa película me conmovió tanto?
¿Por qué me cuesta dormirme por la noche?
Puede que estas preguntas parezcan pequeñas o poco importantes, pero vuelven una y otra vez. Son la manera en que la mente y el corazón nos dicen: “Hay algo aquí que necesita atención.”
¿Y cuando no hay preguntas?
Entonces el cuerpo habla. Las señales pueden aparecer de muchas formas: un deseo incontrolable de dulces, dificultad para dormir, ansiedad o incluso enfermedades recurrentes. Nuestro cuerpo, un sistema inteligente, envía mensajes cuando algo interno no se está atendiendo.
El primer paso no tiene que ser perfecto
Si estás leyendo esto, algo está surgiendo en vos ahora mismo. Tal vez no sea claro, tal vez no esté definido – y está bien. El primer paso no requiere una definición completa ni un compromiso enorme, solo el reconocimiento de que hay “algo”.
Definir ese “algo” puede dar miedo, ser complejo o parecer abrumador – y no tenés que hacerlo solo. En terapia, en un espacio seguro y sin juicios, es posible empezar a mirar hacia adentro, despacio y con seguridad.
¡Y saludos desde Georgia! :)




Comentarios