Quedarse a mitad de camino: creaciones sin terminar
- Dana Judkevitch
- 14 abr
- 4 min de lectura
ncluso antes de la arteterapia, está el arte.
Creo desde siempre, incluso desde antes de tener recuerdos claros.
Tanto antes como ahora, me cuesta terminar las obras.No es que decida conscientemente no terminarlas. Simplemente me encuentro deteniéndome y no volviendo a la obra.
Tengo colecciones enteras de trabajos inconclusos, en cuadernos y carpetas, guardados en armarios y cajones.

¿Qué hace que “dejemos algo a mitad de camino”? ¿Qué nos impide volver a una obra? ¿Cómo podemos terminarla de todos modos, y realmente importa hacerlo?
A veces pierdo el interés en una obra. Había una idea, intenté llevarla a la práctica, y durante el proceso me di cuenta de que ya no me gustaba y no tenía ganas de seguir con ella.
A veces aparece una sensación de fracaso. No logro llevar a cabo la idea y, después de varios intentos fallidos, me rindo. Se instala una sensación de derrota y dejo todo a un lado. Esa sensación también hace difícil volver a esa idea y a esa obra.
Y a veces simplemente me olvido de ella. Me detuve un momento, fui a hacer alguna tarea o salí de casa, y para cuando volví a mi escritorio ya me había olvidado de que había empezado algo.
Estas son variaciones personales de esta experiencia. Es posible que ustedes encuentren otras razones por las que una obra queda sin terminar.
Se podría decir que cualquier motivo es legítimo, pero en realidad la cuestión de la legitimidad no es lo más importante aquí.
La pregunta es otra: ¿Quieren terminar sus obras o está bien que algunas queden inconclusas?
Si quieren terminarlas, puedo compartir algunas ideas:
Se puede terminar mañana o incluso dentro de un año. Si la obra es para ustedes, no hay una fecha límite. A veces dejarla descansar un tiempo y volver a ella después permite verla con otros ojos y darle espacio a que regrese la inspiración.
Algo que no salió bien no necesariamente tiene que ir a la basura. A veces los “errores” son justamente lo que le da interés a una obra, y podemos trabajar con ellos. Esto requiere soltar el perfeccionismo, porque el arte no tiene que ser perfecto. Incluso Leonardo da Vinci cometía errores y dudaba sobre distintos detalles en sus obras. En la Mona Lisa, por ejemplo, se pueden ver varias capas de pintura y cambios en la posición de las manos. Equivocarse está bien. Siempre se puede corregir o integrar el error en la obra.
A veces la obra en realidad ya está terminada y solo necesitamos tiempo para darnos cuenta. Con una segunda o tercera mirada podemos verla de otra manera. Líneas de boceto visibles, partes del lienzo sin pintar o restos de dibujos anteriores pueden convertirse en parte de la obra terminada. Hay artistas que eligen no borrar el boceto y dejarlo como parte de la obra final para mostrar también el proceso creativo.
También podemos soltar y darle lugar al disfrute, no solo a la realización perfecta de la idea. La ejecución no salió bien, la obra quedó “fea” y el resultado no se parece en nada a la imagen que teníamos en la cabeza. ¿Qué se puede hacer entonces? Soltar y jugar. Esparcir pintura al azar, escribir palabras de una canción que les guste, pegar recortes de papel sin relación entre sí y simplemente convertir la obra en un juego. El juego termina cuando ustedes deciden, y de esa manera la obra también queda terminada. Esto requiere soltar el significado original que querían darle.
También se puede aceptar que el arte del alma no siempre es “lindo”. A veces la idea se expresa y la obra empieza a tomar una forma que no nos gusta. Puede no ser estética ni agradable, o despertar sensaciones incómodas. Cuando el arte viene de adentro, no siempre será suave o agradable. A veces el alma necesita espacio para gritar, un lugar seguro donde pueda ser “fea” e imperfecta. Necesitamos descargar. Es una necesidad natural, y la naturaleza nos recuerda una y otra vez que incluso en lo que parece feo puede haber belleza y sentido.
También pueden compartir la obra con otras personas y escuchar sus opiniones. Recomiendo hacerlo con gente con la que se sientan cómodos, personas que sepan expresar su opinión sin juzgar. Cuando sentimos que estamos trabados, a veces lo que nos ayuda a avanzar es justamente una mirada externa. Otra persona puede notar algo que nosotros pasamos por alto, sugerir una idea en la que no habíamos pensado, o incluso decir que para ella la obra ya está terminada y está bien tal como está.
Y a veces también está bien dejar una obra inconclusa y guardarla a un lado. No tenemos que terminar todo, y nuestras obras no tienen que ser todas completas ni perfectas. A veces la idea simplemente pierde su significado, y a veces simplemente no tenemos ganas de seguir. Está bien dejar algo a un lado y decir que es suficiente.
Lo que realmente importa es que sigamos creando para nosotros mismos, no solo para terminar.
¿Les pasó algo parecido? ¿Tienen consejos para alguien que sí quiere terminar sus obras?
Compártanlos en los comentarios 🙂
Y saludos desde Georgia ;)




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